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Josué Puma Muñoz: “Apología a la precariedad; una revisión a la crisis deportiva”


Toda la visibilidad internacional que han traído las medallas olímpicas consigo nos ha empujado a constatar de frente al mundo las carencias que viven los deportistas ecuatorianos en su preparación y participación competitiva. Tras las declaraciones de Richard Carapaz “en el país nadie confió en mi”, afloraron testimonios de deportistas sin entrenador, masajistas, equipos adecuados y un extenso etc.  El brillante desempeño femenino en halterofilia con dos medallas olímpicas desveló toda una institucionalidad deportiva sin intención de apoyar, plagada de engaños, malos tratos, responsabilidades incumplidas y trampas burocráticas. Corresponde ratificar que estos logros deportivos se dan en un contexto de abandono institucional, que reproduce un sistema de precarización y a su vez reafirma la crisis histórica que atraviesa el deporte en el país.

El Estado burgués se presenta ajeno a su papel de gestor del deporte como instrumento ideológico de la “política de convivencia pacífica”, quizás porque el deporte ecuatoriano viene de un proceso histórico donde fue cooptado por la iniciativa privada y condujo parte importante de sus recursos al desarrollo de disciplinas concretas como el futbol, sector deportivo eje de la acumulación de capital. ¿El capital criollo invirtiendo en un solo sector, sin diversificar sus alternativas por miedo al riesgo que implicaría a sus monopolios? Suena irreal ¿no?

En relación al futbol, el apoyo privado a otras disciplinas ha sido escaso, esporádico y hasta un tanto extravagante. Pero incluso allí, no es hasta que ciertos deportistas logran un desempeño internacionalmente reconocido, que las marcas nacionales deciden invertir en ellos; el propio caso de Jefferson Pérez que solo con una medalla olímpica consiguió el apoyo para la marcha atlética. Las leyes de exenciones fiscales a las empresas que apoyan el deporte parecen no conectar con las necesidades del deporte nacional.

El abandono institucional a nuestros campeones y representantes olímpicos ha desatado una legítima indignación sobre la opinión pública que exige se corten cabezas. Lastimosamente, es fácil entrar en connotaciones morales cuando se cumplen a cabalidad los elementos de una novela épica (o fabula religiosa), el enemigo siniestro que sabotea a voluntad al integro héroe que carga consigo los valores de la patria y de dios.  Por supuesto, la acción mediática blindó la figura del presidente electo cargando la responsabilidad de esta polémica al no poco despreciable expresidente Lenin Moreno. Sin embargo, no se perdió esta ocasión para alimentar la figura del Estado inoperante, incapaz de gestionar de forma adecuada los recursos para el deporte, altamente corrupto, un infierno administrativo y burocrático: el gran villano.

¿Y cómo no? Partimos de un Ministerio del Deporte claramente inútil que abandona a sus deportistas (quienes a base de rifas y recursos propios han logrado sostener su formación) y ex deportistas (destaca el caso de la velocista Luci Jaramillo quien nos representó en los juegos olímpicos del 2012 y ahora se gana la vida como cargadora en el mercado Amazonas de Ibarra, mientras ejerce como entrenadora sin sueldo de seis deportistas).

Una crisis deportiva que aterriza sobre los primeros meses de gobierno de Lasso y colisiona con severas falencias de un Estado que ha anulado su propia presencia en contextos complejos más allá del deportivo: desde la estrategia de incluir a empresas privadas como abanderadas del proceso de vacunación (recordemos el obsceno privilegio a las universidades privadas), los recientes despidos en el HCAM, la amenaza de eliminar las farmacias del sistema público de salud.

A nivel de educación sigue en desarrollo la huelga de hambre de los maestros quienes reclaman una reforma sobre la Ley de Educación. En temas de comunicación se perpetró la humillante y masiva captación de datos a CNT que desató una crisis informática que ha comprometido los servicios públicos. Sin tomar en cuenta las declaraciones de privatización de  Petroecuador que inició con la venta de 45 gasolineras altamente rentables para el Estado.

Este gran villano que debe ser reducido, aislado y si se puede, eliminado. Lo complicado de la conocida treta neoliberal reside en una flagrante omisión de la urgencia social de cobertura a elementos básicos de subsistencia que la iniciativa privada nacional, por sus características históricas, considera poco rentables o inversiones de alto riesgo. Pero el autosabotaje del estado burgués solo beneficia a las propias burguesías quienes, en momentos de crisis, prefieren asegurar su capital comprando estos activos estratégicos a precios de remate (comunicación, servicios financieros, seguridad social, producción extractiva, servicios básicos, deporte, etc).  

Frente a este alarmante contexto, la situación del deporte guarda una importancia concreta, nos advierte de la renuncia del estado capitalista a su monopolio sobre el deporte como instrumento ideológico de la “política de coexistencia pacífica”. Quizás porque esta responsabilidad se puede adoptar bajo condiciones materiales concretas, un fuerte auge petrolero, por ejemplo. ¿Cuáles son los países con mejor rendimiento deportivo? Jean Marie Brohm advierte que el deporte competitivo se establece institucionalmente a partir de la revolución industrial ¿Dónde quedamos los países de industrialización atrasada, dependiente o inexistente?

Hablar de la precariedad, el abandono institucional o incluso la inversión social es complejo porque nos saca del mito donde las voluntades y la capacidad de ciertos actores políticos o administrativos determinan la eficiencia del accionar público. Ciertos sectores vinculados al correísmo han aprovechado esta situación para destacar la inversión en centros de alto rendimiento que se dio con su gobierno; guardan razón en la superficie, esta apuesta por el talento deportivo solo la podía hacer el Estado. Pero, ¿bajo qué contexto? La sospecha inmediata apuntaría a que se trata de mera voluntad política, pero la institucionalización del deporte, así como otros procesos de la modernización del Estado burgués, está sujeto a momentos específicos de bonanza y capacidad de maniobra sobre el gasto público.

Nos urge comprender todo lo que implica a nivel social y económico ser un país primario-exportador, la profunda dependencia que nos sostiene al errático mercado internacional y cómo esto determina la fragilidad de nuestras instituciones. Las habituales caídas de la demanda internacional de materias primas instituyen los grandes golpes sobre la estabilidad económica del país.

El estado no podrá sostener sectores como el deportivo si apenas alcanza para solventar las contingencias en salud, educación y defensa. Dejar el deporte a merced de la voluntad privada provoca la ya experimentada concentración de capital en disciplinas concretas. Si en los momentos de crisis el Estado se remata para salvaguardar al capital criollo, cuando exista auge esos recursos se direccionan a reabastecer un sector público destartalado. Y si se logra la solidez institucional suficiente para invertir en deporte, esta inversión será dependiente, a su vez, de que el estado pueda sostenerse en sus ingresos primarios (petroleros en nuestro caso) altamente volátiles.

No pretendo ser pesimista, quizás un pesimismo esperanzador o un optimismo trágico.  Por el momento es un error nutrir le relato del estado villano, obeso e inoperante, peor aun viniendo de quienes lo administran en autoatentado continuo. El deporte competitivo institucionalizado resulta un privilegio de los países centrales, industriales o aquellos con una suerte de capitalismo estatal. Se levanta un llamado de atención adicional a romper los ciclos de precariedad que se edifican sobre el modelo primario-exportador, corresponde consolidar un mercado interno que pueda sostener al sector público y privado por igual frente a las contingencias internas y externas. Reivindicaciones que deben nacer desde la organización popular puesto que esperar estos cambios de la democracia financiada y dirigida por la burguesía cae en lo infantil.

Y no, Lasso, no hace falta más Ecuador en el mundo, ni más mundo en el Ecuador. El mercado internacional es el campeón de la WWE, como visitante o en casa, el país no debe pelear desnutrido, mareado y patojo de un pie, por más zapatos rojos que le ponga. Primero, a ganar músculo, como Neisi.

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Sobre el autor: Josué Puma Muñoz es Economista, Maestrante en Economía del Desarrollo. Enfocado al análisis de estructura productiva y económica política.



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