Desde la última década del siglo XX, pero más claramente en este primer cuarto del siglo XXI, estamos atestiguando el cierre de un ciclo político, el de la caída de la centralidad del Estado nación. La actual crisis de la democracia solamente puede ser entendida si partimos del reconocimiento de las alteraciones globales que han estado sufriendo los sistemas políticos y las economías nacionales, justamente a partir de la centralidad que asume este fenómeno. Si bien en los últimos años presenciamos la reaparición de tendencias nacionalistas que apuntan a regresar a las lógicas de los Estados y los mercados nacionales, la tendencia de fondo, aquella que marca la estructura de la economía y de su funcionamiento, es innegablemente de carácter global y es posible que se trate de una tendencia que no tenga retorno. Desde inicios de los setenta y ochenta del siglo pasado, con el advenimiento del llamado neoliberalismo, impulsado por Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Re...