Ir al contenido principal

John Piedrahita: "La propiedad por encima de la vida"

 

            Mersault, en la novela el extranjero de Albert Camus, fue condenado por asesinar a un árabe. No obstante, su juicio -que se suponía dentro de las reglas del juego del mundo moderno- fue orientado por los estatutos de la moralidad cristiana. En ese sentido, no se juzgó al protagonista por disparar en repetidas ocasiones sobre el cuerpo del árabe, ya sin vida, sino que se condenó al hombre por no haber llorado en el funeral de su mamá.

            Pero, ¿hasta qué punto los estados modernos defienden la vida? En este artículo se tratará de responder, en la medida de lo posible, la siguiente interrogante. El 19 de enero de 2022 el Cabo Santiago O. fue condenado a una pena de tres años y 4 meses de prisión. Su delito asesinar a un presunto delincuente propiciándole 13 balazos por la espalda. El hecho viola todo tipo de proporcionalidad del uso de la fuerza, en función de que el asaltante no portaba arma de fuego. Además, bastaba solo con un desarme al “delincuente” y una aprehensión correcta para culminar el ejercicio policial. Empero, Santiago O. descargó toda su arma sobre el cuerpo, ya sin vida, de una persona.

            La opinión pública ecuatoriana se encuentra indignada por la sentencia a Santiago O. Si lo que indigna a la población es el hurto y no el asesinato, significa que en nuestros imaginarios lo que importa es la propiedad por encima de la vida. Esta es una de las premisas máximas del capitalismo. Marx decía que la desvalorización del mundo humano crece en relación directa con la valorización del mundo de las cosas. La modernidad tiene en su cumbre máxima la propiedad. Sin propiedad -dentro del Estado moderno- no hay organización de la vida, sin organización de la vida no hay estado y sin estado no hay policía. Por su parte, el sociólogo alemán Max Weber, sugería que en los estados modernos la policía tiene el monopolio legítimo del uso de la violencia. Es decir, la fuerza pública tiene la posibilidad de hacer uso de la violencia si se rompen las reglas del juego dentro de un mundo regido por la propiedad.

            Sin embargo, el escenario no siempre es el mismo. La policía está atravesada por estructuras de dominación racistas, clasistas y patriarcales. Así, entonces, un policía detona su arma cuando el asaltante es negro, pobre o una persona de la población LGBTIQ+. Si el delincuente hubiese sido un cleptómano blanco, de clase alta y heterosexual, sin duda, el policía le respetaría su vida. Porque cuando un rico roba, no importa, se va al psicólogo. Cuando lo hace un pobre afronta todo el peso de la ley, incluso puede pagarlo con su vida. Las reflexiones de Judith Butler, también, pueden ser pertinentes en este análisis. La autora señala que en los estados neoliberales se han configurado dos tipos de cuerpos: “los que importan” y “los que no importan”.

            Los cuerpos que importan son aquellos de las personas que tienen propiedad y la posibilidad de consumir dentro de la sociedad de mercado. Los cuerpos que no importan son los cuerpos desechables por el sistema. Aquellos que no tuvieron la posibilidad de ingresar al sistema capitalista, por tanto, su posibilidad de consumo se ve reducida. Estos cuerpos, que no importan, son desechables para el Estado. En consecuencia, no son sujetos de asistencia social, educativa, médica y son constantemente agredidos por las fuerzas represivas del Estado. La modernidad capitalista tiene un canon del sujeto que puede habitar sus ciudades. Son privilegios invisibles que se refuerzan en el acceso a los servicios sociales y en el trato con las autoridades.

            Por otra parte, la desigualdad social que ha incrementado en el Ecuador es una problemática estructural que no puede ser obviada. Las cifras de desempleo y subempleo aumentan. Muchas personas han optado por el camino del robo porque sus familiares no tienen que comer. En definitiva, mientras haya personas que no tienen para alimentar a sus familias la delincuencia no se terminará asesinando a los “delincuentes”. A problemáticas estructurales, respuestas estructurales. Pero mientras gobierne un presidente defensor del capitalismo financiero ese escenario no se va a cumplir. Por tanto, no se puede permitir que la policía obtenga licencias para asesinar a mansalva a la ciudadanía. Quizá sea un mecanismo para poner fuero policial y, de esa manera, cubrir los asesinatos de la fuerza pública. Mismos que en un futuro podrían asesinar dirigentes sociales, activistas y personas de la sociedad civil.

            La banalidad del mal, según Hanna Arendt, es la excusa donde se refugian las personas que trabajan para estados represivos. Ellos pierden todo tipo de racionalidad y sensibilidad humana. A cambio obtienen la razón instrumental del mercado y la propiedad. Se mata por defender las cosas. Se asesina por una orden de un inmediato superior. Se agrede al pueblo porque fue una orden presidencial. Si en la modernidad los seres humanos no asumen las responsabilidades de sus propios actos, absolutamente todo será justificado en nombre de la propiedad. La dinámica positivista entre civilización y barbarie es eliminada por los mismos capitalistas cuando se trata de defender la propiedad. Al fin y al cabo, importa más un celular que la vida de aquel hombre que robó, probablemente, por llevar un pan a la mesa de su hogar.

            _________________________________

            Sobre el autor: John Piedrahita es Politólogo por la Universidad Central del Ecuador. Actualmente estudia una Maestría de investigación en Historia en la Universidad Andina Simón Bolívar. Forma parte del equipo editorial de “Ni fu, ni Fa ¡El debate acá!”. Es cofundador de ContraKultura Revista y articulista invitado en Revista Crisis. Trabaja temas relacionados con la comunidad LGBTIQ+ y la historia intelectual.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Anthony Pozo Barrera: "El costo económico del gobierno de Daniel Noboa, la factura del populismo financiero"

  Prometió eficiencia y dejó déficit. Prometió modernidad y entregó improvisación. Prometió cuidar el futuro y comprometió el presente. Ecuador merece un liderazgo que cumpla lo que predica, y no que cobre por sus promesas incumplidas.   Resumen ejecutivo El presente documento analiza los costos económicos, políticos y morales de la administración de Daniel Noboa. A partir de fuentes oficiales y periodísticas, se estima que las pérdidas y gastos discrecionales superan los USD 3.700 millones, equivalentes al 2,5 % del PIB nacional. Las causas principales incluyen la crisis eléctrica de 2024, las importaciones energéticas, los contratos irregulares, las pérdidas del paro nacional de 2025 y la expansión de bonos con fines electorales. El texto argumenta que la gestión de Noboa representa una ruptura ética en el uso del presupuesto público, al convertir el gasto estatal en un instrumento de propaganda y control político más que en un vehículo de desarrollo. Un país conv...

Julio Echeverría: “Condicionamientos estructurales de la crisis actual de la democracia”

Desde la última década del siglo XX, pero más claramente en este primer cuarto del siglo XXI, estamos atestiguando el cierre de un ciclo político, el de la caída de la centralidad del Estado nación. La actual crisis de la democracia solamente puede ser entendida si partimos del reconocimiento de las alteraciones globales que han estado sufriendo los sistemas políticos y las economías nacionales, justamente a partir de la centralidad que asume este fenómeno. Si bien en los últimos años presenciamos la reaparición de tendencias nacionalistas que apuntan a regresar a las lógicas de los Estados y los mercados nacionales, la tendencia de fondo, aquella que marca la estructura de la economía y de su funcionamiento, es innegablemente de carácter global y es posible que se trate de una tendencia que no tenga retorno. Desde inicios de los setenta y ochenta del siglo pasado, con el advenimiento del llamado neoliberalismo, impulsado por Ronald Reagan en Estados Unidos, Margaret Thatcher en Re...

Eric Erazo: La corte constitucional dijo “Malvinas nunca más”

Aún recuerdo con claridad cuando el gobierno de Daniel Nobóa inició una serie de campañas de descrédito absoluto a la Corte Constitucional. Iniciando en su primer momento con un discurso dirigido a la Corte pretendiendo generar en el imaginario colectivo, la idea de que “La Corte Constitucional protege delincuentes” simplemente por el hecho de que la Corte declaró inconstitucionales a leyes propuestas de manera errada, por el mecanismo equivocado y sin justificación de fondo para su emisión. Luego a eso le agregaron la idea de que supuestamente son correistas cuando en realidad varios de ellos a lo largo de su trayectoria se han mostrado críticos con el ex presidente Rafaél Correa Delgado. Posterior a esa serie de acusaciones, las leyes de Noboa pretendieron imponer un control político totalmente a la Corte Constitucional que personalmente me alarmó al punto que escribí “En defensa de la Corte Constitucional” donde pretendí exponer argumentos para evidenciar la importancia del rol de l...