El
presente escrito reseña el artículo de Soledad Stossel llamado “Guerra interna
y paro nacional en Ecuador”[1],
publicado en Jacobin. La autora reflexiona acerca de las políticas de represión
del gobierno de Noboa y, además, plantea que asistimos a un Estado cívico-militar
con tintes fascistoides.
El
Ecuador vive un momento decisivo. El gobierno de Daniel Noboa ha declarado una
supuesta “guerra interna” que legitima la militarización del país y la
represión a la protesta social. Empero, el pueblo -mediante un paro nacional-
ha comenzado a desafiar este relato.
Según
Soledad Stossel, todo empezó en diciembre de 2024 con una tragedia: cuatro
niños afrodescendientes fueron detenidos, torturados y asesinados en un recinto
militar. El gobierno utilizó este crimen para lanzar su narrativa de “guerra
interna”. Desde entonces, el país entró en una espiral de represión.
Desde
la declaración del conflicto armado interno se registran desapariciones,
ejecuciones extrajudiciales y más de cien asesinatos. Las detenciones
arbitrarias y las acusaciones de terrorismo contra defensores de derechos humanos
se han vuelto parte del día a día. Stossel sostiene que el Ecuador se encamina
hacia un Estado cívico-militar. Noboa gobierna con estados de excepción, otorga
poderes extraordinarios a la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas y reduce
derechos ciudadanos -como la libertad de asociación, de protesta o de expresión-
en nombre de la seguridad.
Este
autoritarismo va de la mano con un proyecto económico neoliberal. Subsidios
eliminados, aumento de impuestos, despidos masivos y más dependencia del FMI. Un
modelo que empezó con el gobierno de Lenín Moreno, continuó con Guillermo Lasso
y ahora se profundiza con Noboa.
El
22 de septiembre de 2025, la CONAIE, sindicatos y movimientos sociales
convocaron a un paro nacional. Sus demandas: frenar el alza del IVA, recuperar
los subsidios eliminados a las gasolinas y al Diesel, detener despidos en el
sector público, rechazar el autoritarismo y el hiperpresidencialismo de Noboa.
A diferencia de otros años, la estrategia del paro fue descentralizada: bloqueos
en cada territorio, sin movilización masiva a Quito, para evitar la represión
concentrada.
La
respuesta del gobierno fue brutal: estados de excepción en varias provincias,
militarización, detenciones masivas, acusaciones de terrorismo a los
manifestantes y hasta asesinatos: Efraín Fuérez, José Guamán y Rosa Paqui son
las tres víctimas -hasta ahora 15 de octubre de 2025- de los aparatos represivos
del Estado.
Sin
embargo, y como señala Stossel, a pesar de la represión el paro devolvió al
pueblo la capacidad de nombrar la violencia estatal. Ollas comunitarias,
guardias comunitarias y el apoyo mutuo ha servido para el fortalecimiento de la
resistencia. No solo fue un reclamo económico: fue un cuestionamiento directo
al proyecto autoritario.
El
próximo 16 de noviembre, Noboa convoca a una consulta popular. Preguntas que legitiman
la militarización, recortan derechos y buscan reconfigurar el poder político
-planteando una nueva Constituyente-. En ese sentido, votar “no” se convierte
en un profundo acto democrático de memoria y dignidad. Ecuador enfrenta una
encrucijada. El régimen busca consolidar un Estado autoritario. Pero el paro,
la resistencia social y la consulta popular muestran que el pueblo aún tiene la
palabra: ¡la lucha continúa!
Contra
el miedo, organización. Contra la guerra interna, dignidad. El futuro de
Ecuador está en nuestras manos.
______________
[1] https://jacobinlat.com/2025/10/guerra-interna-y-paro-nacional-en-ecuador/?fbclid=IwdGRzaANdEtRjbGNrA10SvWV4dG4DYWVtAjExAAEexuqf_fkUmtawVGaaAY8aGuOoKa4fBk5HEw8TyvJteD4mOxG4qwEW35kg6Xo_aem_zbiyGI0dXfZMAIPD9I8aOw


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