Recientemente, la
proforma presupuestaria ha evidenciado un cambio en la inversión en educación
pública, con una reducción de 99 millones de dólares para el próximo año. Se
trata de un recorte escandaloso que afecta a las universidades públicas del
país. Incluso la Universidad Amawtay Wasi, institución pública con un enfoque
intercultural, anunció públicamente que reduciría en un 70 % sus actividades
técnicas.
Este cambio tan drástico
en la inversión pública, que implica una afectación directa a la calidad de la
educación, no solo compromete el derecho de los estudiantes —a quienes la
sociedad ha decidido destinar parte de sus impuestos para garantizar el acceso
y la calidad de la educación superior pública—, sino también el derecho al
trabajo de miles de docentes y trabajadores administrativos de estas
instituciones.
Las razones parten de un
modelo de gobierno que responde a la idea de reducir el Estado al mínimo, donde
no solo se achican las obligaciones gubernamentales, sino también su campo de
actuación. Esto genera un mayor espacio para la actuación del sector privado;
es decir, se privilegia el negocio por encima de lo humano.
No sorprende esta
decisión, pues dicho modelo no solo beneficia a aquellos sectores económicos de
los que proviene el presidente Daniel Noboa, sino que además constituye una
imposición geopolítica. Recordemos que, recientemente, posterior al anuncio del
recorte presupuestario, el Fondo Monetario Internacional desembolsó 620
millones de dólares a favor del gobierno de Noboa, lo que eleva la deuda
pública a más de 5.000 millones de dólares. Un aparente incentivo financiero
para el país.
Lo que realmente ocurre
tras bambalinas es la intervención de potencias occidentales, lideradas por
Estados Unidos, que buscan moldear un país dependiente, sin iniciativa, sin
ciencia, sin tecnología; en definitiva, una mina de oro, un deudor más para su
banca y, por supuesto, una tierra destinada a volverse infértil.
El panorama se vuelve
claramente lúgubre. Sin embargo, la educación sigue siendo un derecho, y la
Constitución exige no solo su existencia, sino también su incremento financiero
proporcional cada año, lo que lo convierte en un derecho progresivo y, por tanto,
prohibida su regresión.
Asimismo, los derechos
laborales son inherentes a los servidores públicos —docentes y administrativos—
quienes, mediante su trabajo, construyen un proyecto de vida, alcanzan logros
personales y sostienen la vida digna propia y de sus familias.
En conclusión, la
decisión gubernamental de reducir el presupuesto no responde a una necesidad
humana, sino a una lógica geopolítica que impone un modelo gubernamental
reduccionista del Estado. Esto impacta directamente en la falta de innovación
científica y prolonga un modelo económico extractivista, endeudado y
dependiente de una potencia extranjera.
______
Sobre el autor: Ni fu, Ni fa ¡El debate acá! Es un medio de comunicación digital, alternativo, militante y popular. Nuestro periodismo está enfocado en los fenómenos políticos coyunturales del Ecuador y del mundo. Asimismo, consideramos que el debate y el diálogo son herramientas críticas para la construcción de una opinión pública democrática


Comentarios
Publicar un comentario